Guanajuato, Gto., México a 26 de Julio de 2017, 12:29 am

De entre los cerros y montañas que rodean a la ciudad de Guanajuato, destacan los picachos en el cerro de la Bufa, lugar con rocas salientes cuyas formas incitan a la imaginación.

cerro de la bufa
Es una zona con tintes de misticismo, de la que se cuentan varias historias, una de las más conocidas es la leyenda sobre una princesa encantada y un pastor que intento romper el hechizo.

La leyenda de la Bufa y el Pastor
La riqueza de la ciudad, originada por la actividad minera surgida en la colonia, fue de las más grandiosas del país, gracias a la cantidad de plata extraída del subsuelo. Fue una época de gran auge que permitió el desarrollo y esplendor en Guanajuato durante casi dos siglos. De ahí que se tenga la creencia de que aun existe oculta una ciudad con tales riquezas y que hay que romper algún tipo de hechizo para que ésta salga a la luz.

Se dice también que la cueva consagrada a San Ignacio de Loyola, ubicada en el cerro de La Bufa, se abre al medio día de cada jueves festivo, como el Jueves Santo o El Jueves de Corpus Christi, y se aparece una princesa encantada capaz de regresar a la ciudad su mencionado esplendor, pero para ello necesita que un hombre le ayude primero a romper primero el embrujo bajo el que ella se encuentra.
Sucedió entonces que en cierto día, un joven pastor que acostumbraba llevar a su rebaño al mencionado cerro, escuchó una dulce vos detrás de las rocas y, aunque en un principio no le dio importancia pues ya había escuchado hablar a otros pastores sobre extrañas voces que se escuchaban en ese lugar sin otra explicación, más que la del viento silbando entre las rocas, la voz se hizo cada vez más clara e insistente por lo que el pastor rodeó la roca, encontrando detrás de ella una hermosa joven que clamaba ayuda.
picachosLa bella mujer dijo ser una princesa a quien un brujo había hechizado y le suplico ayuda, pidiéndole que la llevara en brazos hasta la parroquia, conocida hoy como Basílica Colegiata de Nuestra Señor de Guanajuato, de esta manera el embrujo desaparecería, ella recobraría su forma humana, la ciudad se desencantaría dejando ver todas sus riquezas y a cambio, el pastor podría quedarse con una parte de esas fortunas y el privilegio de desposar a la princesa.

El joven cedió ante la hermosura de la princesa y acepto ayudarla, sin embargo tendría que hacerlo bajo ciertas condiciones: en el transcurso del camino no debía voltear su vista hacia atrás bajo ninguna circunstancia, dejando pasar por desapercibida toda voz amenazante que pudiera escuchar, y tendría que llegar a la parroquia antes de que la cueva de ese cerro, que se abría solo en determinados días, se cerrara.

El pastor, armándose de valentía, tomó a la joven en sus brazos e inició su travesía. Con apenas unos pasos transcurridos comenzó a escuchar amenazantes voces a sus espaldas que cada vez se volvían más infernales, a la vez que se agotaban por el esfuerzo de bajar las pendientes sin soltar a la mujer; sin embargo la promesa de la princesa lo animaba a continuar.

Después de un gran tramo recorrido, las estridentes voces le provocaron angustia y al sentir un extraño peso sobre su espalda volteo sin pensarlo, al instante la bella princesa se transformó en una serpiente mientras el pastor quedó petrificado. Se dice que ambos permanecen en la cima de aquel cerro, el joven convertido en un enorme peñasco conocido como “El Pastor” y la princesa en la gigante roca sobresaliente conocida como “La Bufa”.

La leyenda continua, la princesa sigue apareciéndose en espera de un joven valeroso y atrevido que logre darle fin a su hechizo y al de la ciudad encantada.

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