Guanajuato, Gto., México a 23 de Julio de 2017, 04:48 am

Un truco es una trampilla, una artimaña o un ardid, la gente que vive por la calle del Truco asegura que una sobra de varón, vestido a la usanza, con larga capa, sombrero de ancha ala calado hasta las cejas, de modo que sólo deja de ver dos chispas a manera ojos sobre el rostro pálido y desencajado, se desliza apresurado a lo largo de esta calle cuando el silencio y las sombras de la noche son completas.

El Truco

Es la sombra de Don Ernesto, que sigiloso se detiene delante de una puerta.

Llama tres veces. Se oye un chirrido de ultratumba. Entra el caballero. Es la Casa de Juego, a la que sólo van los más ricos. Se juega en grande, Primero las bolsas repletas de oro, después las fincas, luego las haciendas. Es mal día para don Ernesto. Ha perdido tres o cuatro de sus mejores propiedades. Está nervioso como nunca. La Fortuna le ha dado las espaldas. Hace un recuento en la mente y advierte que lo ha perdido todo.

“No todo, amigo, aún queda algo de valor”.
-“¡ El diablo lo supiera! ¿Qué es?”
-” Y va en una jugada por cuanto habéis perdido, en el primer albur” – agrega la primera voz.
Don Ernesto, fuera de sí exclama:
-“¿ A qué os referís? ¡Decidlo de una vez!- y hace él además de incorporarse.
¡”Calma, calma!” –Agrega el contrincante.
“¡ Que tenga vuestra madre!
– grita de nuevo el desafortunado caballero
Su adversario se inclina sobre la mesa para musitar unas palabras al oído de don Ernesto…
-“¡No por Dios! ¡Ella no! –Grita el perdidoso en el colmo de la exaltación.
-” Resolveos, así podréis recuperar vuestras riquezas”…
Transcurre unos instantes de lucha en el interior del sombró jugador, y al fin exclama
-“¡Sea pues! ¡A la carta mayor!”
Su amigo, parsimoniosamente, coloca sobre la mesa dos cartas; una sota de oros y un seis de espadas…
-“¡ A la sota !” – Grita don Ernesto temblando de emoción.
Se deslizan los naipes fatídicos… siete de bastos, tres de oros, caballo de copas y al fin aparece la carta maldita, el seis.
-“Perdéis nuevamente”.

El caballero queda mudo, sin moverse, como desplomado sobre sí mismo.
Ha jugado a su bella esposa.
Es hombre de palabra y tiene que cumplir.
Esa vez su adversario fue el propio diablo, por eso don Ernesto no vio una sola jugada…
Es la Calle del Truco.

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